Melanoma
Tumor melanocítico maligno
que se origina en una zona pigmentada de la piel, las mucosas, los
oj os
o el SNC.
Cada año se producen unos 25.000 casos nuevos
de melanoma en Estados Unidos y causa unas 6.000 muertes. La incidencia
está aumentando con rapidez. La exposición solar se
considera un riesgo, igual que los antecedentes familiares y la
existencia de léntigo maligno, nevos melanocíticos
congénitos de gran tamaño y el síndrome del
nevo displásico. Este tumor es poco frecuente en los pacientes
de raza negra.
Un 40 a 50% de los melanomas se desarrollan
sobre nevos pigmentados (v. también Nevos y nevos displásicos,
casi todos los restantes surgen a partir de los melanocitos de la
piel normal. Los m elanomas
de la infancia, muy infrecuentes, se originan siempre sobre nevos
pigmentados gigantes (nevos congénitos gigantes), presentes
en el momento del nacimiento. Los nevos con halo se suelen resolver
de forma espontánea, aunque en muy pocas ocasiones son melanomas.
Aunque los melanomas son más frecuentes durante el embarazo,
parece que el embarazo no aumenta el riesgo de que un nevo se malignice.
Los nevos cambian con frecuencia de tamaño o forma durante
la gestación, por lo que se deben valorar con atención
los signos de malignización, que incluyen cambios de tamaño,
cambios de color, sobre todo extensión de una coloración
blanca, azul o roja a la piel circundante normal, cambios en las
características de la superficie, la consistencia o la forma
y, sobre todo, signos de inflamación de la piel circundante,
con ulceració n,
hemorragia, prurito o dolor.
El tamaño, la forma y el color de los melanomas
varían (suelen ser pigmentados), igual que lo hace su tendencia
a infiltrar y metastatizar. Esta neoplasia se puede diseminar con
rapidez, causando la muerte en meses, aunque la tasa de curaciones
a 5 años de las lesiones muy superficiales es casi del 100%.
Por tanto, la curación depende de la precocidad del diagnóstico
y el tratamiento. En este capítulo se describen cuatro tipos
fundamentales de melanomas.
El melanoma tipo lentigo maligno se origina sobre
lentigos malignos (peca de Hutchinson o melanoma in situ) y aparece
en la cara u otras áreas expuestas al sol, sobre todo de
pacientes ancianos. Se trata de máculas o placas asintomáticas,
de 2 a 6 cm, planas, pardas o marrones, de morfología irregular,
con manchas más oscuras o negras dispersas por su superficie
de forma irregular. En el lentigo maligno tanto los melanocitos
normales como los neoplásicos están limitados a la
epidermis, mientras que en el melanoma de tipo lentigo maligno se
produce invasión de la dermis por los mismos, con el riesgo
consiguiente de metástasis.
El melanoma de extensión superficial constituye 2/3
de los melanomas. Suele ser asintomático y se diagnostica
mientras es de menor tamaño que el lentigo maligno, produciéndose
sobre todo en las piernas de las mujeres y el tórax de los
varones. Suele tratarse de una placa con áreas irregulares
elevadas de coloración parda o marrón, induradas,
que suelen mostrar zonas rojas, blancas, negras o azuladas puntiformes
o pequeños nódulos negro-azulados, a veces protuberantes.
Se pueden observar pequeñas indentaciones en los márgenes,
además de aumento de tamaño y cambio de color. Histológicamente
los melanocitos atípicos infiltran la dermis y la epidermis.
El melanoma nodular representa del 10 al 15% de los
melanomas y se puede localizar en cualquier lugar del organismo
como una pápula o placa oscura, pr otuberante,
cuyo color varía desde gris perla a negro. En algunas ocasiones
la lesión contiene poco pigmento o carece de él y
recuerda a una neoplasia vascular. A no ser que se ulcere, el melanoma
nodular suele ser asintomático, aunque el paciente acude
a consulta porque la lesión aumenta de tamaño con
rapidez.
El melanom a
de tipo lentiginoso acral, aunque es poco frecuente, constituye
la forma de melanoma más frecuente en pacientes de raza negra.
Se origina en la piel palmar, plantar o subungueal y muestra un
aspecto histológico característico parecido al melanoma
de tipo lentigo maligno. También se producen melanomas en
las mucosas oral y genital y en la conjuntiva. Los melanomas de
mucosas (sobre todo los anorrectales), que son más frecuentes
en los pacientes de razas distintas a la blanca, se asocian con
un mal pronóstico.
Diagnóstico
Dos sistemas de clasificación que resultan
útiles para valorar los melanomas en estadio I son: 1) el
espesor del melanoma medido desde la capa granulosa de la epidermis
hasta el punto de máxima invasión tumoral, según
la técnica descrita por Breslow, y 2) el nivel anatómico
de invasión, descrito por Clark. En la clasificación
de Clark, el nivel I se limita a la epidermis; el nivel II se extiende
hacia la dermis papilar; el nivel III ocupa aún más
la dermis papilar, expandiéndola; el nivel IV se extiende
hacia la dermis reticular, y el nivel V alcanza el tejido subcutáneo.
Cuanto mayor es el espesor de Breslow y más profunda la invasión
(nivel de Clark), peor es el pronóstico.
En el diagnóstico diferencial se incluyen
los carcinomas basocelulares, las queratosis seborreicas, los nevos
displásicos, los nevos azules, los dermatofibromas, los nevos,
los hematomas (sobre todo en pies y manos), los "lagos"
venosos, los granulomas piógenos y las verrugas. Si existen
dudas, en la biopsia se debe incluir todo el espesor dérmico
y la escisión debe superar los márgenes de la lesión.
La biopsia debe ser escisional cuando la lesión es pequeña
e incisional cuando es grande. Realizando cortes seriados, el patólogo
puede determinar el espesor máximo de la lesión. No
se debe realizar una cirugía radical antes de la confirmación
diagnóstica de la lesión.
Las pautas que se deben seguir para realizar la biopsia
o la resecación de las lesiones pigmentadas incluyen el aumento
de tamaño reciente, oscurecimiento, hemorragia o ulceración.
Sin embargo, todas las características antes enumeradas indican
que el melanoma ya invade la piel en profundidad. Se puede realizar
un diagnóstico más precoz si se biopsian lesiones
que muestren coloración irregular (pardo o negro con sombras
de color rojo, blanco o azul), lesiones con elevaciones visibles
o palpables y lesiones con márgenes irregulares indentados
o con nódulos. El dermatoscopio, un oftalmoscopio
modificado que se emplea con aceite de inmersión para explorar
las lesiones pigmentadas, puede resultar útil para distinguir
los melanomas de las lesiones benignas.
Valoración histológica: El tratamiento
y el pronóstico dependen en gran medida de los criterios
histológicos que definen el espesor máximo del melanoma,
que se determina histológicamente con un micrómetro
óptico. Se necesitan biopsias adecuadas para realizar la
gradación histológica. Los melanomas del SNC y de
las zonas subungueales no se pueden clasificar con estos sistemas.
El grado de infiltración linfocitaria, que
representa la respuesta inmunológica del paciente, se puede
correlacionar con el nivel de invasión y con el pronóstico.
Las posibilidades de curación son máximas cuando el
infiltrado linfocitario se limita a la zona superficial de la lesión
y disminuye en las zonas más profundas de invasión
dérmica.
Pronóstico y tratamiento
El tipo clínico de tumor influye menos sobre
la supervivencia que el espesor del mismo en el momento del diagnóstico.
El melanoma metastatiza por vía linfática
y sanguínea. Las metástasis locales determinan la
aparición de pápulas o nódulos satélites
próximos a la lesión. Se pueden producir metástasis
directas a la piel o a órganos internos y algunas veces se
descubren antes los nódulos metastásicos o las linfadenopatías
aumentadas de tamaño que la lesión primaria. Los melanomas
de mucosas se asocian con un mal pronóstico, aunque parezcan
limitados cuando se diagnostican.
El tratamiento se realiza mediante extirpación
quirúrgica. Aunque se discute acerca de la necesidad de márgenes
amplios, la mayor parte de los especialistas consideran que un margen
lateral libre de tumor de 1 cm resulta suficiente si la lesión
mide <1 mm de espesor, mientras que las lesiones más gruesas
exigen una cirugía radical con biopsia de los ganglios centinela.
El melanoma de tipo lentigo maligno y el lentigo
maligno se suelen tratar con una resección local amplia,
realizando en caso necesario un injerto de piel. La radioterapia
intensiva resulta mucho menos eficaz que la cirugía. Se recomienda
la resección precoz del lentigo maligno antes de que alcance
un gran tamaño; los restantes métodos de tratamiento,
salvo la criocirugía controlada, no suelen llegar a resecar
en profundidad los folículos afectados, que deben ser extirpados.
Los melanomas de extensión superficial o nodulares
se suelen tratar mediante una resección quirúrgica
amplia que llegue a la fascia. Si existe afectación ganglionar,
se suele recomendar la disección ganglionar terapéutica.
Los melanomas gruesos y las metástasis regionales
o a distancia se pueden tratar con quimioterapia (dacarbacina o
las nitrosoureas carmustina o lomustina), pero el pronóstico
es malo. En la actualidad se encuentran en estudio otros fármacos
como el cisplatino. Los resultados obtenidos con la vacuna del bacilo
Calmette-Guérin (BCG) para modificar la respuesta inmune
del paciente han resultado desalentadores, pero otras formas de
inmunoterapia (interleucina-2, células killer activadas por
linfocinas) parecen más prometedoras. Se está estudiando
la posible utilidad de las vacunas que emplean antígeno del
melanoma.
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